La Sombra, levantándose.
No deseo más que complacerte.
Federico.
¿No te gusta á ti la ingratitud? Pues en mí tienes lo que más puede agradarte. ¿Estás contento de mí?
La Sombra.
No, porque la ingratitud que á mí me entusiasma es la de los que reciben un beneficio mío, y tú lo rechazas.
Federico.
Pues hazme el beneficio inmenso de no ocuparte de mí. No me mires, no me hables.
La Sombra, sonriendo.
¡Ingrato! Si no deseo más que tu bien...