Siento una ansiedad que me anonada. Yo quiero morirme. Espérate. ¡Pero si por más que oprimo el botón y me introduzco los dedos hasta el alma no puedo dar el salto! Aguárdate; no me dejes en esta soledad.
La Sombra, con naturalidad.
Pero qué, ¿crees tú que yo no tengo nada que hacer? Mi mujer me aguarda.
Federico, burlándose.
¡Tu mujer! Pero si tú apenas haces ya vida marital con ella. Lo sé, tonto, lo sé... Tu perfección moral te ha elevado sobre las miserias del mundo fisiológico. ¡Mérito grande! Pero Augusta no entiende de esas perfecciones: me lo ha dicho. Es humana, y no le hace maldita gracia parecerse á los serafines.
La Sombra.
¡Simple, confundes á Augusta con La Peri!
Federico.
Yo no tengo líos con La Peri, fuera del trato de amistad y de las relaciones económicas. Leonor, para mí, rivaliza en pureza con los arcángeles.
La Sombra, gravemente.