Infante, aparentando atender al Marqués, y contestándole con cabezadas.

Yo... ¡oh!, yo no creo... (Aparte.) Ya se acerca. Disimulo, y mucho ojo á la cara de esa hipócrita. Que no se me escape ni la inflexión más ligera.

Augusta, para sí, fingiendo prestar atención á lo que le dice Villalonga.

Ahí está ya. Cara mía, ojos míos, haceos de piedra. Que ninguna suspicacia, ninguna curiosidad os sorprendan en un descuido de expresión. Ese pillo de Manolo me está observando... A buena parte viene. El corazón me salta en el pecho; pero la cara, bien prevenida, se mantiene firme; y aquí no pasa nada. Indiferencia afectuosa..., distracción..., no le siento entrar. (Entra Federico.)

Infante, para sí.

No repara en él...

Federico, saludando.

Aunque usted no quiera... Augusta...

Augusta, fingiéndose sorprendida, y sin ninguna emoción visible.

¡Ah!..., parece que entra usted como los ladrones. ¡Cuánto tiempo...! ¿Ha estado usted malo?