Federico.
¡Inocente! ¿A qué crees tú que ha ido Malibrán á las Charcas?
Augusta, pensativa.
¡Si sucediera lo que temes!... No, no sucederá: el corazón me dice que Tomás no sabrá nada, y el corazón no me engaña nunca á mí.
Federico.
Y aún no sabemos si el viajecito al monte será simulado, con el piadoso objeto de sorprendernos. (Mirando con recelo á las puertas cerradas.)
Augusta, con pavor, agarrándose á él.
Por tu salvación, no me asustes. ¡Sorprendernos! ¿Te has propuesto martirizarme esta noche? (Rehaciéndose.) No, no puede ser. Peligros que sólo están en tu imaginación. Esos viajes fingidos y esas sorpresas por escotillón sólo ocurren en los dramas.
Federico.
Y también en la vida.