Federico.

¡Ay, la pícara idea moderna, contra la cual yo estoy á matar! A todo el que piensa ó hace algo extraordinario le llaman loco. Es que esta innoble sociedad, sin religión, sin ningún principio, no comprende nada grande. El genio poético y la inspiración, locura; locura las acciones maravillosas; locos los criminales, para dejarles impunes; locos los grandes hombres, para empequeñecerles. ¿Pretenden sin duda establecer un nivel de tontería y vulgaridad del cual no rebase nadie? No, yo protesto contra esa idea. ¡Orozco demente! ¡Oh, Dios de justicia! ¿Y por qué? ¡Porque imaginó aquel plan admirable en beneficio mío y de mi hermana! Idea encantadora, original y atrevida; idea tan alta, que no se puede uno elevar hasta ella y hacerse digno del que la concibió, sino no aceptándola. Sí, rechazarla es merecerla, querida mía, y aceptarla es una indignidad... Créelo, si aquí hay locos, somos nosotros, tú y yo, que estamos discutiendo una cosa tan clara y sencilla.

Augusta, contrariada.

Lo claro y sencillo es que no tienes sentido común..., ó en ti no hay más que orgullo, soberbia, hinchazón, caballería andante y ganas de hacer el paladín.

Federico.

Ni comprendo yo cómo podría ser amado un hombre capaz de envilecerse hasta ese punto. Yo mujer..., ¡quita allá!, sentiría asco del hombre que en un caso semejante no procediera como yo procedo.

Augusta, retirándose de la mesa y arrojándose en un sofá.

Será que estoy imposibilitada de verlo así por mi ceguera, porque todas las potencias del alma me las tiene secuestradas el amor. (Con arrogancia.) No me pesa ser así, ni me concibo de otra manera. Pudo asustarme esta falta mía cuando á ella me vi lanzada; pero una vez en el camino, las cuestas, y aun los despeñaderos, no me asustan. Todas las consecuencias que pudieran sobrevenir, yo las soporto. A veces me doy á imaginarlas muy terribles, y créelo, las miro sin pestañear. Queriéndote yo, y queriéndome tú, para nada me faltan alientos. Paréceme que no hay ningún interés superior al de tu tranquilidad, y que la logres por mi mediación será mi mayor dicha.

Federico, agitado y hosco.

No puede ser, repito que no puede ser.