Federico.
Egoísta tú...
Augusta, levantándose poseída de furor.
Pues tiene que ser, porque yo te lo mando... Necio, si ya no puedes evitarlo. Estás cogido. Te lo diré, para que te sometas á los hechos consumados. Esta mañana han estado en casa dos de tus acreedores. Les citó mi marido para tratar con ellos de la manera de recoger tus pagarés.
Federico, con menosprecio.
¡Mujer!... Déjame en paz. Usas un argumento capcioso para doblegarme.
Augusta.
Te doblegarás, aunque no quieras. Lo hecho, hecho está, y que patalee tu ridículo orgullo. Y si te obstinas en luchar con nosotros, te aborrezco, te abandono á tu suerte... (Nerviosa y trémula coge una copa de champagne, como con intención de beber; pero de improviso la estrella contra la pared próxima.) ¡Maldita sea yo mil veces!
Federico.
Estás loca, loca..., y yo también.