Augusta, altanera y sarcástica.
Tenía que ser. Somos incompatibles. Tu quijotismo no se aviene con mi llaneza... Puede que te lo sufran esas mujerzuelas con quienes tratas, las Peris y otros tipos semejantes, porque esas, por su misma inferioridad, hasta pueden socorrerte sin herir tu soberbia...
Federico, llena de champagne una copa y la bebe.
¡Dios mío, qué mal me siento! (Pausa. Augusta le contempla sin chistar.)
ESCENA IV
Los mismos. La Sombra de Orozco, que entra por la puerta de la derecha, y se sienta á la mesa frente á Federico. Viste traje de cazador con capote de monte. Augusta no le ve.
Federico, mirándola con estupor.
¿Ya estás aquí?... Te esperaba.
La Sombra, tiritando.
¡Hace un frío en aquel monte!... (Se sirve champagne y bebe.) Parece que te causo miedo. No temas; soy tu amigo. Desde la calle se oyen las voces que das maltratando á esa pobrecita Peri. (Contemplando á Augusta con lástima.) ¿Ves cómo lloriquea? Eres un bruto, y no te mereces tal joya.