Federico, con ironía delirante.
¡Valiente joya!... Reñíamos porque se empeña en deshonrarme.
La Sombra.
¡Deshonrarte á ti, el Amadís de la delicadeza y de la dignidad! Sobreponte á las hablillas del vulgo. Estoy contento de ti, porque has apechugado con mi favor. Así se cumple con los amigos y con la humanidad.
Federico.
Tu protección me abruma.
Augusta.
¡Pues con dejarla...! Hemos concluído.
La Sombra.
Ya no puedes volverte atrás, porque dijiste que la aceptabas.