Federico.

Yo no he dicho eso.

Augusta.

Pues lo digo yo.

La Sombra.

Ya sabe todo el mundo que accedes, y se te alaba justamente por tu condescendencia. Con lo que yo te doy, y lo que te ofrece Augusta para tus gastos mensuales, y algo que te supla también esa... (mirando á Augusta), La Peri, tienes para vivir como un príncipe. Nadie te censurará; al contrario, dirán: «¡qué listo es!» De mí sí que oirás horrores. Pero mejor; eso me gusta.

Federico, furioso.

Repito que no acepto. Antes moriré cien veces.

Augusta.

Bueno, bueno. No soy sorda. Te daré recibo si es preciso.