Infante.
Es un disparate.
Monte Cármenes, aburrido.
Ea, señores, es mucho crimen para mí. Volveré cuando hayan ustedes pescado la verdad, y la trinquen bien para que no se escape. (Vase.)
Augusta.
Pues ustedes dirán lo que quieran; pero á mí, la madrastra, esa doña Sara, me parece una buena persona. Manolo, ¿tú qué piensas?
Infante.
Que es un crimen adocenado, y que ni hay madrastra, ni intoxicación, ni alto personaje, ni influencia, sino la vulgarísima tragedia del sirviente que roba, y al verse sorprendido mata; ni más ni menos.
Federico.
Vamos, tú eres sensato, y te atienes á la versión de rúbrica, que nos presenta los hechos como arregladitos á un patrón de conveniencias curiales. Hasta el crimen debe ser correcto, y los asesinos han de tener su poquito de ministerialismo.