Ea, déjame á mí... (Cediendo.) Pero, en fin, ¿qué es lo que tú quieres?

Villalonga.

Que hagas propaganda sensata. Aquí no ha pasado nada. Nuestra conducta ha de corresponder á los agasajos de esta excelente familia. ¡Augusta se merece un sin fin de homenajes, y Orozco es tan bueno, tan generoso...! Te diré: yo le debo el grandísimo favor de haberme cedido su puesto en la combinación de senadores. ¡Caray, si no es por él, me quedo también ahora en la calle muerto de risa!

Malibrán.

¡Ah, mameluco, that is the question! Ya veo la clave de tu sensatez.

Villalonga.

Este pastelero mundo es una cadena, un collar, un toisón de oro, en el cual las personas, remachadas con las ideas, somos los eslabones, y no podemos escoger la relación ó argolla que nos une al eslabón vecino. ¿Qué tal? ¿Estoy yo filosófico esta noche? Mentecato, ¿tú qué te creías?... Y punto en boca que viene aquí el grande hombre.

ESCENA IX

Los mismos. Orozco, Calderón, que salen del billar. Al propio tiempo van entrando en el salón del centro los amigos de la casa que se indicarán después.

Orozco, dando la mano á Malibrán y á Villalonga.