Orozco.

Todos. Como no estabas tú, la reunión, cansada de su propia insipidez, se ha disuelto temprano. Y ahora nos quedaremos solos, porque ésta se marchará también. Felipa, retírate, que algo tendrás que hacer en tu casa.

Felipa, para sí, turbada.

Parece que me echa. Sabe más que Merlín el señor éste... Imposible que deje de... (Alto.) Con permiso...

Augusta.

Felipa, quedamos en que mañana recogerás en casa de Sobrino veinticuatro varas, que con las diez y media que tienes...

Felipa, oficiosamente.

Ocho y poco más, señorita... Pues hacen treinta y dos.

Augusta.

Eso es; pero antes de cortar me traes la batista para verla, porque si no es igual á la otra, la devolveremos.