Teresa.
Pero estás influida por éstos, que en su afán de sacar del pantano al juez, hacen la causa del Cuadradismo, sosteniendo que el criado mojó. ¡Qué infamia! ¡Pobre Segundo, un muchacho honrado y decente, devoto de la Virgen!... Yo no puedo ver esto con paciencia. Te juro que si á esa bribona no la llevan al palo... va á haber aquí un cataclismo.
Infante.
¡Qué la han de llevar, señora, si doña Sara es una santa, devotísima de San José!
Teresa.
Quite allá el muy tonto... Usted es de los que trabajan porque triunfe la farsa. Ya se ve: defiende al gobierno, que tiene interés en echar tierra... Una horca en la Puerta del Sol, para ir colgando en ella ministros y pájaros gordos, es lo que hace falta.
Augusta.
¡Hija, por Dios!...
Teresa.
Ó la guillotina. Aquí no hay justicia ni vergüenza. Es cosa probada que los que andan en el ajo le han asegurado la vida á ese bendito Segundo para que declare en forma que no comprometa á doña Sara. Esto es un espanto. Yo puedo asegurar á ustedes una cosa, y es que unas amigas mías la vieron un día en la Palma comprando cintas para sombreros...