Ánimo, y adelante. Volvamos á esta vida externa, cuya estupidez me es necesaria, como la esterilidad glacial del yermo en que habito. Vivamos en esta aridez pedregosa, como si nada hubiera ocurrido. Despierto de un sueño en que sentí reverdecer mis amortiguadas pasiones, y vuelvo á mi rutina de fórmulas comunes, dentro de la cual fabrico, á solas conmigo, mi deliciosa vida espiritual. (Alto y con resolución.) Augusta.

Augusta, volviéndose sobresaltada.

¿Qué?

Orozco.

¿Pero no te acuestas, hija? Es muy tarde.

Augusta, para sí.

El mismo acento de siempre. (Alto.) Sí, me acostaré. ¿Y tú?

Orozco.

Yo también. Oye una cosa: mañana recuérdame que hay que comprar el regalo para Victoria Trujillo, cuya boda es el jueves.

Augusta.