La Imagen.
No; aquí me tienes. Te toco para que no dudes de mi presencia.
Orozco, cogiéndole una mano.
No he concluído de contarte cómo se determinó en mí el conocimiento de esa triste verdad. El rumor público acerca de la culpabilidad de Augusta fué principio y fundamento de mis presunciones. Oí todas las hablillas, y de su variedad y garrulería saqué la certidumbre de que esa desdichada te amó, y de que tú la amaste. Completaron mi conocimiento diversos accidentes: las visitas de Felipa, algo que advertí en la cara de ésta, la turbación de Augusta, la rozadura de su mano, y un no sé qué, un misterioso sentido testifical notado en la luz de sus ojos, en el eco de su voz y hasta en el calor de su aliento. Ahora, respecto á tu muerte, nada concreto sé. No puedo decir que poseo la verdad; pero tengo una idea, interpretación propiamente mía, hija de mi perspicacia y de mi estudio de la conciencia universal é individual. Esta interpretación atrevida no concuerda con ninguna de las versiones vulgares patrocinadas por los comentaristas del ruidoso y sangriento caso; es mía exclusivamente, y voy á comunicártela. (La imagen se sienta al borde del lecho en que yace Orozco, y se inclina sobre éste.) Pero no peses tanto sobre mí. Me sofocas, me oprimes, no me dejas respirar... Oye lo que pienso de tu muerte... ¡Ay!, por Dios, no te apoyes en mi pecho. La más grande montaña del mundo no pesa lo que tú... Pues mi opinión es que moriste por estímulos del honor y de la conciencia; te arrancaste la vida porque se te hizo imposible, colocada entre mi generosidad y mi deshonra. Has tenido flaquezas, has cometido faltas enormes; pero la estrella del bien resplandece en tu alma. Eres de los míos. Tu muerte es un signo de grandeza moral. Te admiro, y quiero que seas mi amigo en esta región de paz en que nos encontramos. Abracémonos. (Se abrazan.)
Madrid, Julio de 1889.
FIN DE LA NOVELA
Nota de transcripción
- Se ha respetado la ortografía original, que difiere de la utilizada actualmente. Las inconsistencias ortográficas se han normalizado a la grafía de mayor frecuencia.
- Se han reparado los emparejamientos de los signos de admiración e interrogación.
- Los errores obvios de imprenta han sido corregidos sin avisar.
- En el original impreso, la Jornada Quinta carece de Escena III. No se han renumerado las escenas para suplir el hueco.