Infante.

De anchas caderas, bajito él, pecho abultado... Era la propia doña Sara disfrazada de sacerdote.

Teresa.

No echemos la cosa á barato, amiguitos, que esto es muy serio.

Augusta.

Pongámonos en lo razonable.

Teresa.

Eso es, en lo razonable.

Federico, á Augusta, vivamente.

¿Pero no decía usted que es enemiga de lo razonable, porque lo razonable es el amaneramiento de los hechos?