Augusta.

Sí; pero hay que distinguir...

Federico.

No, no crea usted que voy á condenar sus ideas. Convengo en que la realidad es fecunda y original, en que la verdad artificiosa que resulta de las conveniencias políticas y sociales nos engaña. Pero no nos lancemos por sistema á lo novelesco, ni por huir de un amaneramiento caigamos en otro, amiga mía. Usted tiene viva imaginación, y lo dramático y extraordinario la seduce, la fascina. La vida, por desgracia, ofrece bastantes peripecias, lances y sorpresas terribles, y es tontería echarnos á buscar el interés febricitante, cuando quizás lo tenemos latente á nuestro lado, aguardando una ocasión cualquiera para saltarnos á la cara.

Augusta.

En eso estamos conformes. Pero yo no busco el interés febricitante. Es que, sin darme cuenta de ello, todo lo vulgar me parece falso: tan alta idea tengo de la realidad... como artista; ni más ni menos.

Villalonga, aplaudiendo.

Admirable paradoja. ¡Qué maravilloso talento!

Todos aplauden.

Augusta, soltando la risa.