Gracias, amado pueblo.

Federico.

Tiene usted toda la sal de Dios.

Augusta, para sí.

¡Qué zalamerito viene esta noche! ¡Ah!, grandísimo pillo, tú me la pagarás. No sabes tú la culebra que tengo enroscada aquí. Deja que yo te coja...

Teresa.

No entiendo de estas zarandajas. Yo sigo siempre el criterio del pueblo. ¿Es esto lo que llaman ustedes vulgo? Pues sea: no me negarán que el pueblo tiene un instinto...

Villalonga.

Sí; pero es profundamente sugestivo y fascinable. Los milagros ¿qué son más que fenómenos de hipnotismo? Todas las religiones, incluso la cristiana, se fundan en eso.

Teresa, amoscándose.