¡Eh!, cuidado: no me toquen á la religión. De las falsas hablen ustedes lo que gusten; pero de la verdadera...
Infante.
Y usted, ¿cómo siendo tan absolutista...?
Teresa, irritada.
Sí, señor, muy absolutista, muy católica, apostólica, romana, y al mismo tiempo muy popular, muy populachera. ¿Qué, no lo entiende usted, angelito?
Monte Cármenes, asomándose á la puerta.
¿No ha concluído todavía el crimen?
Augusta.
Sí, sí; basta ya. Tilín, tilín; se suspende esta discusión. Orden del día...
Entra Monte Cármenes. La conversación se generaliza y se deslíe, subdividiéndose.