Malibrán.
Desastrosamente. No he adelantado ni un solo palmo de terreno. Me confirmo cada día más en la certeza de lo que hablábamos anoche.
Villalonga.
¿Crees que hay moros por la costa?
Malibrán.
Como creo en Dios. Y esa morisma hace tiempo que piratea. Nada, Augusta tiene su enredito. Y ten por cierto que tiro de la manta y se lo descubro.
Villalonga, con sorna.
Sí; véngate. A estas virtudes enfatuadas hay que arrancarles la aureola. ¡Cuidado si será tonta esa mujer! No quererte á ti, tan buena figura, tan sacadito de cuello, entendidito en pintura, familiarizado con la política extranjera, y muy fuerte en todo lo que sea triples alianzas. Por supuesto, yo creo que te idolatra y lo disimula; también ella tiene sus puntas de diplomática.
Malibrán.
No te burles. Y que está enamorada no ofrece ya duda para mí. ¡Ah, tengo yo un olfato...! He rastreado mil síntomas infalibles. Cualquier día se me escapa á mí una pieza de esta clase.