Orozco, distraído.

De milagro...

Aguado.

Admiro la paciencia de usted y su longanimidad. (Siguen hablando, Malibrán pasa al salón y se encuentra con Villalonga, que ha salido de la sala japonesa.)

Villalonga.

¿Te vas ya?

Malibrán.

Sí, voy á despedirme de la ingrata.

Villalonga.

¿Y cómo va eso?