Exministro.

Permíteme, bruto...

Teresa Trujillo, que sale de la sala japonesa y busca á su hijo.

¿En dónde está mi artillero? ¡Ah! (Cogiéndole del brazo.) Ven acá, hijo de mi alma. Vámonos, sácame de aquí.

Orozco.

¿Pero se va usted? No lo consiento.

Teresa.

¡Ay, Tomás, tiene usted su casa infestada de Cuadradismo! Aquí no puede estar una persona que se interesa por la justicia.

Orozco.

Pues yo creí que usted había convertido á mi mujer á la sana doctrina Saraísta.