Al fin se ha ido Manolo, el centinela de vista, y podemos hablar un instante. Tengo que decirte que te estás portando indignamente.
Federico.
Yo, ¿por qué? (Va á la puerta, atisba y retrocede.) También yo deseaba que estuviéramos solos, para poder decirte...
Augusta.
No quiero saber nada. ¡Seis días sin verme!
Federico.
Por culpa tuya.
Augusta.
No; tuya, mil veces tuya... No sé qué tienes en esos ojos... La traición, la mentira y el cinismo. (Muy agitada.) Ya me estoy acostumbrando á la idea de que te vas de mí, atraído por personas indignas, que no quiero ni debo nombrar.
Federico.