¿Qué cosas? Cuéntamelas ahora.
Federico.
Ahora no puede ser. Te espero allá, ¿sí ó no?
Augusta.
He dicho que no voy. (Aturdida.) Lo pensaré... No, no, y mil veces no. Si fuera, iría para injuriarte, para decirte que te me estás haciendo aborrecible.
Federico.
Pues para eso. Vas, y allí, muy tranquilamente, nos tiraremos los trastos á la cabeza.
Augusta.
Cállate... Pueden oir... (Con miedo.) Te escribiré dos letras... No, no te escribo ni media letra; no me da la gana.
Federico.