Pero...

Augusta.

Basta... Cállate... Salgamos. (Aparece en la puerta del salón.)

Orozco, á su mujer.

Si tú no calmas á estos energúmenos, no sé qué va á pasar aquí. Siéntate al piano, que la música á las fieras domestica.

Oficial de Artillería, á Augusta.

Es gracioso: los cuatro son ministeriales, y vea usted cómo están. Música, música. (Augusta se sienta al piano y preludia.)

Aguado, aparte.

Música tenemos. Tocará seguramente esas cosas que á mí me aburren. De buena gana me plantaría en la calle. ¡Beethoven, Chopín! Os cambio por una de aquellas habaneritas... Pero si lo digo, me llamarán vulgo. Fingiré que estoy en éxtasis.

Infante, corriendo hacia el piano.