Orozco, sentado, meditabundo. Augusta, que entra, vestida aún de sociedad.
Orozco, para sí.
Ya deseaba que se fueran. Me siento esta noche más fatigado que nunca.
Augusta, para sí.
Gracias á Dios que me he quedado sola. ¡Tener que sonreír y tocar el piano para que los demás se diviertan!...
Orozco, alto.
La música me pone triste esta noche. ¿A qué lo atribuyes tú?
Augusta, absorta, no contesta sino después de una pausa.
Perdona: estaba distraída.
Orozco.