Augusta.

¿Crees tú que toda ofensa se debe perdonar?

Orozco.

Todas en absoluto, y sin reserva de ninguna clase.

Augusta.

¿Estás dispuesto tú á perdonar toda ofensa que se te haga?

Orozco.

Sin género alguno de duda. Me agravias sólo con dudarlo. Pues qué, ¿no tienes tú en tu alma la misma decisión?

Augusta, vacilante.

No sé. Eso no puede asegurarse sino frente á los hechos. La resistencia moral, como el grado de tensión de una cuerda, no se conoce hasta que se prueba... Pero me parece que hemos hablado bastante, hijito. Ahora, á dormir.