Federico.
Sí, la agradezco.
Infante.
Por lo demás, ya sabemos que á ti no te baraja nadie.
Federico, con ira disimulada.
Pues no vacilo en decir que si yo estuviese como tú, prendado de Augusta, y no supiera contenerme en una actitud completamente platónica, sería un hombre indigno... Si te parece, entraremos en la chocolatería. Luego daremos otro paseo hasta mi casa.
Chocolatería.
Toman asiento, y son servidos por un mozo.
Infante.
¿De modo que tu consejo es que desista?