Federico, ensimismado.
Sí; el honor lo pide así.
Infante.
¡El honor! Ahí tienes otra cosa que no se ha definido bien todavía, y que tiene muchos arrumacos. ¿Y si yo te probara que el honor, precisamente, me manda no desistir?
Federico.
Dirías un disparate.
Infante.
Sobre esto hemos de hablar mucho. ¿Quieres que me pase mañana por tu casa?
Federico, con amargura fría, dando fuerte palmada sobre la mesa.
Calla por Dios; mañana será para mí un día nefasto, con dificultades de tal magnitud que no veo cómo saldré de ellas. Mi sistema ante estos tremendos compromisos, consiste en la ausencia de toda previsión. En el momento crítico discurro lo que debo hacer, y lo hago. Obro por inspiración, y la inspiración y el cálculo no son compatibles. En presencia del enemigo que me acosa, siento en mí algo del genio militar, y me descuelgo súbitamente con una combinación ingeniosa y salvadora.