Aguado.

Facultades, ó poderes para limpiar de orugas aquella administración.

Villalonga.

Somos ahora muy Catones, ¿verdad?

Aguado.

Díganoslo usted al revés: Tacones. Un Tacón es lo que hace falta allí.

Cisneros.

Y como Tacón quiere usted que le manden. ¡Pobre isla! Todos dicen que van de Tacón, y de lo que van es de zapatilla. Perdone usted, Aguadito de mi alma, y ya sabe que no le quiero mal; pero siempre que oigo tronar muy recio contra la inmoralidad, instintivamente me llevo la mano al bolsillo. Yo no censuro á nadie; es más, deseo que usted vuelva allá, para que esté contento y se le siente la bilis. Vamos, que si el hombre se viera otra vez en aquella bendita Aduana, ¡ay qué gusto, morena!; pues en aquella Aduana de Dios, con las manos bien arremangadas, pues...

Aguado.

A este D. Carlos hay que dejarle.