Federico.
Sí, perderla. Déjame á mí. Los favores de cierta clase se pagan con el aborrecimiento. ¿Recuerdas aquel verso: inglés te aborrecí, héroe te admiro?... Pues viene que ni de molde. Querido Infantillo, tú no sabes de la misa la media. Cuando uno tiene la fatalidad de ser insolvente, si quiere conservar á los amigos, lo primero que debe hacer es no deberles nada. Inglés te aborrezco. Yo no puedo evitar que se apodere de mí una aversión insana hacia toda persona decente que viene en mi auxilio... En fin, no quiero tocar este punto. No lo toques tú tampoco, y déjame. Lo único que te diré es que no vayas mañana á casa. Estaré fuera casi todo el día.
Infante, para sí.
¡Qué hombre este! El orgullo le acabará.
Federico.
Ahora, vámonos pian pianino á dar otro paseo.
Calle.
Siguen paseando y charlando. Llegan á la calle de Lope de Vega.
Infante.
¡Qué noche tan serena y deliciosa!... Te acompañaré hasta tu casa.