Federico.

Esta es la hora de las confidencias, la hora de la amistad. Me estaría yo charlando contigo, de calle en calle, hasta el día. No tengo sueño ni ganas de acostarme.

Infante.

Dios quiera que mañana salgas bien de tus conflictos.

Federico.

Saldremos, sí. Hay fe en la Providencia. Como si yo no tuviera hoy bastantes pesadumbres sobre mi alma, me ha caído una que... Vamos, te la cuento.

Infante.

Gracias á Dios que me confías algo.

Federico.

Y la cosa es grave. (Avanzan hacia el extremo de la calle.) Sigamos hablando hasta el Prado, y luego volveremos. Esta es mi casa. (Señalando á la derecha.)