¡Señor, óigame usted!... (Anonadado y trémulo.) Subí sin más objeto que hablarle... por el ventanillo..., nada más. Yo se lo juro..., y puede usted comprobarlo arriba.
Infante.
Basta... Retírese usted.
Federico, soltándole.
Sí..., que se vaya... La escena es repugnante. (Mirando á Santanita con desprecio.) ¡Qué ignominia! Si en vez de ser un bicho fuera un hombre, acabaría con él, puesto que no hay tribunales que castiguen estas infamias.
Infante.
Concluyamos. (A Santanita.) ¿Todavía está usted aquí?
Federico.
Ya has oído, muñeco, que no me rebajo á castigarte. Otra cosa será si llego á cogerte en mi casa.
Infante.