¡Rayos y demonios!... ¡Eh!... ¿Quién es usted? (Echándole mano al pescuezo.)
Santanita, con terror suplicante.
¡Ay, ay!... ¡Por Dios, D. Federico, no me mate usted!
Federico.
Badulaque, mequetrefe, tú vienes de mi casa. (Le sujeta con nerviosa energía. Infante interviene en ademán pacífico.)
Infante.
¡Por Dios... Calma...! ¡Qué atrocidad! (Tratando de calmar á su amigo.)
Federico.
Si no fuera quien soy, le ahogaría... ¡Miserable! ¿Qué hacías en esta casa?
Santanita.