«Don Francisco, que a estos clavos se le han torcido las puntas».
—Hija, yo no puedo estar en todo. Esperar un poco.
A pesar de ser tan supino el criterio decorativo de Bringas, este no se fiaba de sí mismo, y quería consultar con su mujer peliagudos problemas.
«Rosalía... ven acá, hija... A ver dónde te parece que coloque estos cuadros. Creo que el Cristo de la Caña debe ir al centro».
—Poco a poco; al centro va el retrato de Su Majestad...
—Es verdad. Vamos a ello.
—Se me figura que Su Majestad está muy caída. Levántala un poquito, un par de dedos. ¿Así?
—Bien.
—¿En dónde pongo a O'Donnell?
—A ese le pondría yo en otra parte... por indecente.