—¡Mujer...!
—Ponle donde quieras.
—Ahora colgaremos a Narváez... Por este lado irá el retrato de D. Juan de Pipaón. ¡Felipe!... ¿En dónde está ese condenado chico?
Un momento después:
«Bringas, Bringas, acude acá».
—¿Qué hay?
—¡Que se nos viene encima la percha!
—Allá voy.
—Bringas, entre las tres no podemos con la piedra del lavabo.
—Que vaya el señor Canencia. Cuidado, cuidado... Canencia, eche usted allá una mano con mil demonios... ¡Cómo me rompan la piedra...!