—No hay que ver las cosas tan negras. Y ahora me acuerdo... usted...

Hasta entonces había hablado en impersonal; mas obligada a emplear un pronombre, antes se hubiera cortado la lengua que pronunciar un .

«Usted tiene deudores...».

—Sí... y de ellos voy cobrando poco a poco. Pero ya se va agotando esa mina.

—Yo conozco un deudor que podrá socorrerle a usted, devolviéndole una mínima parte de los beneficios que ha recibido...

Lo decía de tal manera, que Polo comprendió al instante.

«No seas tonta. Me enfadaré contigo...».

—Es el caso que...—dijo Tormento revolviendo con su mano en el hueco del manguito—. Yo había pensado al venir aquí... No es esto pagar una deuda, pues si fuera a pagar...

La infeliz no sabía encontrar la fórmula, que deseaba fuese lo más delicada posible, y por querer emplear la más sutil y discreta, usó la más necia de todas, diciendo, al poner un billete sobre la mesa:

«Si más tuviera, más daría».