«Mañana me traes media docena de tubos. Se acaba de romper el del recibimiento. Te pasas por la Cava Baja y das un recado al de los huevos. Tráete dos docenas de botones como este, y ven temprano para que me peines, porque he de ir a Palacio antes de la una».
En la calle, Amparo vio que se le ponía al lado un bulto, una persona, un fantasma embozado. Diole saltos el corazón al reconocer las vueltas rojas y grises de la capa.
«No se me escapa usted»—dijo Agustín echando la fisonomía fuera del embozo.
—¡Ay!
—No hay motivo para asustarse. Es preciso que esto acabe pronto. Es preciso que hablemos cuando nos plazca. Ni espiar los ratitos en que usted se halle sola en la casa del primo, ni esperarla a la puerta, como se espera a las modistas, me gusta.
—Tiene mucha razón—dijo ella, dejándose llevar de sus sentimientos.
—Por consiguiente, usted me dará permiso para ir a su casa. Desde hoy entra usted en una vida nueva. La que va a ser mi mujer... y hasta ahora no ha dicho usted nada en contrario...
En la pausa que él hizo, Amparo, confundida, buscaba las frases más convenientes para contestar; pero aquel bálsamo suave que caía sobre las heridas de su corazón le aletargaba el entendimiento.
—La que va a ser mi mujer—prosiguió Caballero—no puede vivir de esta manera, sirviendo en una casa... porque esto es peor que servir... Ya es tiempo además de que usted vaya arreglando sus cosas...
Música celeste era lo que Amparo oía. Tal era su éxtasis que no sabía por donde andaba ni de qué modo expresar lo que sentía. La contestación rotundamente afirmativa tropezaba en sus labios con algo asfixiante, amargo y obstructivo que salía de su conciencia cuando menos lo pensaba. Pero era tanta la debilidad de su carácter, que ni la conciencia ni el afecto acertaban a declararse, y el sí y el no, pasado un rato de dolorosas tartamudeces, tornaban adentro... Rechazar de plano tanta felicidad érale imposible; aceptarla le parecía poco delicado. Creía salir del paso con la expresión de su agradecimiento que, a su modo de ver, era como una aquiescencia condicional.