—La semana que entra...
—¡Oh!, no tanto.
—Pues la otra.
—Eso me parece muy tarde... Tiene usted razón: la semana próxima. ¿Qué es hoy?
—Viernes.
—Pues el sábado de la semana entrante.
—Corriente.
—Dígaselo usted..., propóngaselo como cosa suya.
—Pues no se pondrá poco contento. Ya le digo á usted: por él... mañana. Y volviendo á nuestro joven disidente, ¿cree usted que no nos dará ningún disgusto?
—Espero que no. Su deseo de instalarse aquí nos viene ahora que ni de molde. Bernardina nos inspira confianza absoluta: le cuidará como nosotras mismas. Vendremos Fidela y yo, alternando, á hacerle compañía, y además, yo me encargo de mandar acá al bueno de Melchorito algunas tardes para que le cante óperas...