—Es de los más lenguaraces. Cuando brindaron, D. Juan echó no sé cuantos loores...
—¿Y qué es eso?
—Que se sopló mucho, echando fuera toda la caja del pecho, y dijo loor a esto, loor a lo otro.
—¿Se casa con Micaelita?
—Dios los cría y ellos se juntan.
—¿Y te retiras ya?
—Si, porque yo he dicho a D. Felicísimo que estoy enfermo.
—¿A dónde vas?
—Allá—replicó Tablas manifestando en la mirada recelosa que a Salvador dirigió, que no debía hablar con más claridad.
—Bien—dijo Aviraneta—. Nos veremos luego. ¿Y la Pimentosa cómo está?