—¿Es fuerte?
—Más fuerte que todos los tronos, que todos los partidos, que todos los hombres.
—¿Quién es?
—El tiempo.
—¡El tiempo! ¿Dónde está ese tiempo que no viene?
—Ya vendrá.
—¡Oh!, tarda.
—Es propio del tiempo tardar.
Tilín calló después profundamente. Seguían andando; de pronto detúvose el guerrillero, y mirando al cielo con espantados ojos y haciendo un gesto convulsivo como si al mismo cielo amenazara, exclamó:
—¡Me aborrece!