—Bien: llego, arrojo la piedra, espero, ella sale y le digo...

—Le dices que he muerto... no, no seas bárbaro. Le das este escapulario... no, le dices...no, más vale que no le digas nada.

—Entonces, le daré el escapulario.

—Tampoco: no le lleves el escapulario.

—Ya, ya comprendo. Luego que salga, le daré las buenas noches y me marcharé cantando La Virgen del Pilar dice...

—No: es preciso que sepa mi muerte. Tú haz lo que yo te mando.

—Pero si no me mandas nada.

—¿Pero qué prisa tienes? Deja tú. Todavía puede ser que no me maten.

—Ya. ¡Cuánto ruido para nada!