—¿Y qué garantía he de dar más que mi palabra de honor?
—No nos basta; digo, a mí sí; pero el coronel es un poco testarudo, y muy ordenancista.
—Pues mi palabra de sacerdote.
—Las palabras de sacerdote no valen en el fuero militar. Necesitamos una garantía positiva, eficaz.
—¿De que no haré armas contra los liberales?
—Eso.
—¿Y cómo doy esa garantía?
—De un modo muy fácil y muy claro. Nos convenceremos de que no harás armas contra nosotros, cuando te veamos batiéndote a nuestro lado y contra ellos.
—¡Contra los carlistas!... ¿Y no hay otra manera de alcanzar mi libertad?
—No hay otra.