Los autores han tenido la feliz idea de encomendar el prólogo del primer volumen al señor Bonilla y San Martín, autor de una notable Historia de la Filosofía española, en publicación, y que es entre los eruditos españoles uno de los más versados en estos estudios y de los más capaces para llevarlos a término feliz. En su prólogo, muy claro y ceñido al asunto, como de quien domina la materia, resume el señor Bonilla de un modo excelente las doctrinas de Valles, las clasifica y califica con acierto y aporta muchas noticias bibliográficas pertinentes al asunto.
Los señores Marcos y Ortega dan a conocer en su obra algunos datos nuevos, tocantes a la biografía del insigne médico de Felipe II, según hace notar el señor Bonilla, y muestran en todo el libro, en el cual hay pormenores de buen gusto, como la reproducción de la portada de la primera edición de la Sacra Philosophia, de Valles (Turín. 1587), un plausible entusiasmo por enaltecer la fama de los pensadores españoles.”
El Liberal:
“Don Benjamín Marcos y D. Eusebio Ortega, conocidos e inteligentes periodistas, han comenzado la publicación de una “Biblioteca filosófica”.
El primer tomo, consagrado al estudio de las obras de Francisco de Valles, “el Divino”, demuestra plenamente que los señores Marcos y Ortega han emprendido labor tan difícil y fatigosa como es la de divulgar, en una serie de volúmenes, los métodos y las teorías de los grandes filósofos españoles y la revolución que produjeron en la sociedad, cuando les ha permitido realizarla con fruto y perseverancia una sólida cultura, bien escogida y meditada.
En esta labor apologético-expositiva siguen las huellas de Juan Pablo Forner, Gumersindo Laverde Ruiz y Marcelino Menéndez y Pelayo, y así estudian primeramente la bibliografía de Francisco Valles y el medio universitario en que desenvolvió su enseñanza, y hacen después una serena crítica de sus doctrinas filosóficas.
Fué Valles “el Divino”, que por cierto tuvo cuentas con Mateo Alemán, famoso médico de cámara de Felipe II, pensador de mérito, discreto, equilibrado, más aristotélico que platónico, de tendencias eclécticas y conciliadoras, y, en el fondo de su pensamiento escolástico. No tiene la valentía de Gómez Pereira o de Cardoso, ni la erudición de Vives, ni la profundidad de Suárez o de Fox Morcillo, ni el sentido crítico de Pedro de Valencia o de Francisco Sánchez, y mucho menos es un Espinosa o un Raimundo Lulio.
Está a la altura de Simón Abril, de Venegas, de Arias Montano o de Gaspar Cardillo de Villalpando, y aun acaso no llegue a estos dos últimos.
Como dice Adolfo de Bonilla, en un breve y concienzudo juicio crítico de Francisco Valles, “el Divino”, es éste de los que han visto las chispas del espíritu, pero ignoran la fortaleza de su yunque y la crueldad dé su martillo.
Es, sin embargo, oportuna y meritoria la divulgación que los señores Marcos y Ortega hacen de la biografía y escritos de Francisco Valles, “el Divino”, que dista mucho de ser un pensador vulgar, y aun pudiera figurar con más justicia que otros en el “Philosophen Lexikon, de Eisler.”