Heraldo de Madrid:
“Se ha puesto a la venta el primer tomo de la “Biblioteca filosófica de los grandes filósofos españoles”, que editan nuestros queridos compañeros en la Prensa don Eusebio Ortega y don Benjamín Marcos.
Este primer tomo lo consagran por entero al “Divino Vallés”.
Después de una completísima biobibliografia de Vallés, se extiende en consideraciones amplias acerca de sus doctrinas en todos los ramos de la filosofía. Intercalados en el texto lleva varios interesantísimos grabados. El tomo, lujosamente editado, consta de más de cuatrocientas páginas en 8.º, y se vende en Madrid, a cuatro pesetas ejemplar.
“Como la obra se lo merece, prometemos ocuparnos de ella con más extensión”[271].
El Universo:
«LOS GRANDES FILÓSOFOS
ESPAÑOLES»
“Los periodistas señores don Eusebio Ortega y don Benjamín Marcos, inteligentes operarios de esta labor enunciadora y fatigante como ninguna, que consiste en averiguar lo que no importa, pensando en que quizá importará a los demás, acaban de tener un gesto absurdo: comenzar la publicación de una Biblioteca, en que revivan los escritos de Los grandes filósofos españoles. Decimos que el gesto es absurdo, porque es todo lo contrario, representa todo lo contrario, exige todo lo contrarío que el oficio en que somos compañeros los señores Ortega y Marcos y nosotros.
Es decir, los señores Ortega y Marcos andan ahora averiguando, en los escritos de los grandes filósofos de España, lo que de seguro les importa a ellos, arrostrando el peligro de que no les importe a las gentes. ¿Absurdo el gesto, dijimos? Y heroico también, porque para eso habrán robado tiempo al descanso, en aras de un patriótico impulso, en ofrenda a su amor a lo trascendental, huyendo, al paso, unas horas de “lo que dicen los reformistas” y la “actitud de Montero”...
El acervo glorioso de la Filosofía española desfilará por esta Biblioteca, que ahora comienza con el interesantísimo y documentado estudio del perínclito doctor de cámara de la R. M. de Felipe II, Francisco de Valles, que acredita a los señores Marcos y Ortega como espíritus disciplinados en este linaje de abandonadas investigaciones, y amantes de los prestigios de la Ciencia hispana.