No trato de hacerte presión, ni mucho menos aconsejarte que precipites los acontecimientos; antes al contrario, entiendo debes reflexionar mucho, y precisamente la reflexión tiene su principal enemigo en la precipitación; pero no demores más de lo indispensable el desenlace, decidido ya en principio; no olvides que la lucha está entablada entre el espíritu del bien y el del mal; tú eres la presa que el primero trata de conquistar y el segundo retener a todo trance; así que no faltarán dejaciones, dificultades... vulgares tretas del espíritu maligno para conseguir demoras e impedir lleves a la práctica tus buenos intentos. Desconfía y ponte en guardia contra ficticios obstáculos; te lo prevengo porque a mí me pasó lo mismo. Tu voluntad es la que ha de decidir e inclinar el fiel de la balanza en uno o en otro sentido. Pídele todos los días a Dios, por mediación de su Santa Madre, de la que todo buen español es devoto, que te conceda el toque decisivo de la gracia. Una lágrima, un solo suspiro pueden abrirte las puertas del Cielo. Humillarse ante el Supremo Hacedor..., ante su Ministro en la tierra, enaltece, ennoblece, dignifica... La sensación del perdón es algo tan hermoso, tan hondamente sentido y de tan inefable goce y aligeramiento de espíritu, que no puede explicarse. Yo tuve la dicha de experimentarlo cuando me confesé, después de transcurridos muchos años sin haberlo hecho!... ¡Cuán dificultoso me parecía entonces el paso a dar!...; pero si no es posible recordar..., pero si volveré a caer..., qué triste va a serme la vida sin tales o cuales pasatiempos..., pero cómo reparar tal enormidad!..., etc., etc.
¡Cuán fácil me pareció después!... ¡Con qué suavidad, con qué mano maestra, con qué fraternal afecto fué mi confesor sondeando los más recónditos repliegues de mi conciencia, facilitándome la labor, hasta reunir y aquilatar, sin esfuerzo alguno para mí, y en breve tiempo, la esencia de mis culpas de tantos años!...
Amigo P. L.: Procura hallar (la encontrarás, si la buscas con buena voluntad) la oportunidad, y aprovéchala; unos días de descanso, de retiro, de Ejercicios, no prejuzgan nada... ¡tantos hemos perdido, mal empleados en este mundo!... Te va en ello tu felicidad, y desde luego te afirmo que no te arrepentirás del empleo y resultados de esos días..., al contrario, no cesarás, durante el resto de tu vida, de bendecir el momento en que te decidiste a ocuparlos tan sabiamente. Créeme, haz pronto los Ejercicios.
Te abraza de corazón tu viejo amigo y novel predicador,
J.
Espero que tu buena y santa esposa unirá sus preces a las nuestras; y si, lo que no creo, Dios se resistiese a oír las mías, por indignas, no resistirá seguramente a las plegarias de ella, que como esposa y madre pedirá, como sólo saben pedirlo las que ostentan tan hermosos títulos, la salvación del esposo y de sus hijos.
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Quiera Dios que estas cartas, cuyo texto puede alcanzar a muchos corazones, sirva como de toque de atención, y algunos de nuestros lectores, entendiendo que es la voz de Dios quien les habla, se decidan también a cambiar de vida haciendo los Ejercicios y gánese su alma para siempre.
Este fruto sería suficiente para darnos por muy satisfechos de la labor que nos hemos impuesto en este libro.