[4] Precisamente porque la Iglesia Católica es única e infalible, depositaria de la verdad, ella sola posee verdadera e inextinguible la capacidad de combatir eficazmente el materialismo, que tantas ruinas ha acumulado y tantas amenazas acumula, introduciendo y manteniendo el verdadero espiritualismo, el espiritualismo cristiano, que tanto supera en verdad y practicidad al puramente filosófico, cuando la revelación está por encima de la pura razón (Id., ibíd.)
[5] Estamos asistiendo de nuevo en estos días a esta lucha gigantesca entre el error y la verdad, entre la vida y la muerte, “mors et vita duello conflixere mirando”, lucha terrible entre el espíritu de Dios y el espíritu del mal. ¡Campo de batalla hermoso en que vemos a tantos de nuestros hermanos luchar como héroes y morir como mártires! (Discurso de Su Santidad Pío XI, 3 junio 1922.)
[6] Ese es el deseo más ardiente del Corazón de Jesús; el Corazón de Jesús, que en aquella, me atrevo a decir, descorazonada, divinamente descorazonada palabra, se veía obligado a exclamar: ¿Quæ utilitas in sanguine meo? (Id., ibíd.)
[7]... A todos los males mencionados hay que añadir y poner encima aquellos que más se ocultan al observador superficial; al hombre de los sentidos, el cual, como dice el Apóstol: no comprende las cosas que son del espíritu de Dios y que constituyen lo más grave y profundo de las modernas llagas sociales. (Pío XI: Encíclica cit.)
[8] Dichosos de vosotros, que habéis concebido tan grandioso plan y que lleváis dentro del corazón un ideal tan sublime y tan divino. (Pío XI: Discurso cit.)
[9] Sentimos, además, la voz alentadora del Sumo Pontífice, que nos dice:
“Cooperadores de esta gran obra: Contad con mi aprobación, contad con mi apoyo. Yo os le ofrezco complacido como Vicario de Jesucristo en la tierra. A ofrecéroslo incondicional y sinceramente me siento obligado por Jesucristo mismo en el fondo de mi alma. Dichosos de vosotros, que, con vuestra cooperación a la divina obra del Apostolado, os hacéis partícipes de tanta gloria y de tan inmarcesible corona. Benditos seáis vosotros y todos cuantos en vuestras respectivas patrias y regiones sigan vuestras insinuaciones y respondan a vuestra voz.
También Nos queremos cooperar a la medida de nuestras fuerzas a esta obra tan Nuestra y ocupar el puesto que en ella Nos corresponde y cumplir el deber que nos incumbe.” (Ibíd.)
[10] Reina Cristo en la sociedad cuando es reconocida y reverenciada la suprema y universal sabiduría de Dios y el origen divino de los poderes sociales. (Id.: Encíclica.)
[11] Cuando salió del abismo Martín Lutero, como monstruo infernal, acompañado de un escuadrón de abominables y diabólicos ministros, para hacer horribles estragos en el mundo, y para llevar tras sí, a guisa de otro dragón que cae del cielo, la tercera parte de las estrellas, envió Dios de socorro a otro varón insigne y capitán valeroso contrario a Lutero, para que con su espíritu invencible y armas poderosas y divinas le resistiera y pelease las batallas del Señor. Éste fué Ignacio de Loyola.