Quem ait (calimasus) cum ei nihil adversi accidisset, e muro se in mare ejecisse Platonis libro. (Tusculanorum, lib. I, párrafo 34)

[181] Platón, como Aristóteles, San Agustín y casi todos los escolásticos, sostenían que las ideas, como existentes en la mente divina, eran eternas, y que Dios, como supremo y eterno Artífice, había perfeccionado todas las cosas creadas. “Ideas æternas in mente divina existentes, ad quarum similitudinem supremus aeternumque Artifex res ommes creatas efformavit.”

[182] De los Pecados propios. Punto V.

[183] Ibídem. Punto IV.

[184] Dijo Anaxímenes que el aire era Dios, y que era engendrado, y que era inmenso e infinito, y estaba siempre en movimiento: como si el aire, que no tiene ninguna forma, pudiese ser Dios, a quien no podemos concebir sino bajo la forma más hermosa, o como si todo lo que nace no estuviese sujeto a la muerte. (Cicerón: De nat. Deor, libro I.)

[185] Dice Cicerón de este filósofo que “quiso fundar un sistema que abarcara todas las cosas por medio de una razón infinita en poder; pero no vió que en lo infinito no podía haber movimiento alguno unido a lo sensible, o que si la naturaleza tuviera sentimiento, todas sus partes sentirían a un mismo tiempo la misma impresión”. (De nat. Deor, lib. I.)

[186] San Cirilo dice de éste que sostenía cómo Dios es Mente, que está en una esfera ígnea y que es el alma del mundo.

Cuéntase que este filósofo se reía de todo y se le atribuye la famosa frase de que “la verdad está oculta en un pozo profundo”.

La risa de Demócrito fué como el preludio del escepticismo, que tantos estragos causó en la Filosofía griega.

[187] Sin embargo de esto, Cicerón dice de este filósofo que afirmaba cómo todo era uno, con figura esférica (I Acad., lib. II), y en otro lugar le atribuye que tenía por Dios a lo infinito, añadiéndole la inteligencia: mente adjunta (De Natur. Deoru, lib. I).