P R Ó L O G O
Si yo estuviera hecho a las lides periodísticas o supiese luchar con la pluma tajante y con la tizona punzante, a buen seguro que podría salir airoso de esta empresa o aventura, en la que me ha querido meter el erudito autor de este libro, mi amigo el señor Marcos, figura prestigiosa del periodismo español, luchador infatigable y avezado a los estudios filosóficos, según lo viene demostrando en los dos primeros volúmenes publicados en esta Biblioteca, obra que merece los aplausos de los estudiosos y la gratitud de los buenos españoles.
Pero no me ha sido dado este privilegio de escribir, y tan sólo la oratoria sagrada ha invadido mi ser y mi alma toda, dedicándome por entero a ella y deseando plegue a Dios que, con mi modesta, pero incesante labor evangélica, consiga conquistar muchas almas para la eterna bienaventuranza.
Por eso temo que estas breves líneas con que el señor Marcos, congregante fervoroso del Pilar, quiere que encabece su meritísimo trabajo, no responda a lo que de mí espera, puesto que nemo dat quod non habet, y yo no tengo lo que de mí quiere y desea.
Autor y lector me habrán de perdonar estas consideraciones que voy a hacer respecto a la obra de mi ilustre hermano en Congregación.
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