Entónces les dijo Cortés que tales traiciones como aquellas, que mandan las leyes reales que no queden sin castigo, é que por su delito que han de morir; é luego mandó soltar una escopeta, que era la señal que teniamos apercebida para aquel efecto, y se les dió una mano que se les acordara para siempre, porque matamos muchos dellos, y otros se quemaron vivos, que no les aprovechó las promesas de sus falsos ídolos; y no tardaron dos horas que no llegaron allí nuestros amigos los tlascaltecas que dejamos en el campo, como ya he dicho otra vez, y peleaban muy fuertemente en las calles, donde los cholultecas tenian otras capitanías defendiéndolas porque no les entrásemos, y de presto fueron desbaratadas, y iban por la ciudad robando y cautivando, que no los podiamos detener; y otro dia vinieron otras capitanías de las poblaciones de Tlascala, y les hacian grandes daños, porque estaban muy mal con los de Cholula; y como aquello vimos, así Cortés como los demás capitanes y soldados, por mancilla que hubimos dellos, detuvimos á los tlascaltecas que no hiciesen más mal; y Cortés mandó á Pedro de Albarado y á Cristóbal de Olí que le trujesen todas las capitanías de Tlascala para les hablar, y no tardaron de venir, y les mandó que recogiesen toda su gente y se estuviesen en el campo, y así lo hicieron, que no quedó con nosotros sino los de Cempoal; y en aquel instante vinieron ciertos caciques y papas cholultecas que eran de otros barrios, que no se hallaron en las traiciones, segun ellos decian (que, como es gran ciudad, era bando y parcialidad por sí), y rogaron á Cortés y á todos nosotros que perdonásemos el enojo de las traiciones que nos tenian ordenadas, pues los traidores habian pagado con las vidas; y luego vinieron los dos papas amigos nuestros que nos descubrieron el secreto, y la vieja mujer del capitan que queria ser suegra de doña Marina (como ya he dicho otra vez), y todos rogaron á Cortés fuesen perdonados.
Y Cortés cuando se lo decian mostró tener grande enojo, y mandó llamar á los embajadores de Montezuma que estaban detenidos en nuestra compañía, y dijo que, puesto que toda aquella ciudad merecia ser asolada y que pagaran con las vidas, que teniendo respeto á su señor Montezuma, cuyos vasallos son, los perdona, é que de allí adelante que sean buenos, é no les acontezca otra como la pasada, que morirán por ello.
Y luego mandó llamar los caciques de Tlascala que estaban en el campo, é les dijo que volviesen los hombres y mujeres que habian cautivado, que bastaban los males que habian hecho.
Y puesto que se les hacia de mal de volvello, é decian que de muchos más daños eran merecedores por las traiciones que siempre de aquella ciudad han recibido, por mandallo Cortés volvieron muchas personas; mas ellos quedaron desta vez ricos así de oro é mantas, é algodon y sal é esclavos.
Y demás desto, Cortés los hizo amigos con los de Cholula, que á lo que despues vi é entendí, jamás quebraron las amistades; é más les mandó á todos los papas é caciques cholultecas que poblasen su ciudad é que hiciesen tiangues é mercados, é que no hubiesen temor, que no se les haria enojo ninguno; y respondieron que dentro en cinco dias harian poblar toda la ciudad, porque en aquella sazon todos los más vecinos estaban amontados, é dijeron que temian que Cortés les nombrase cacique, porque el que solia mandar fué uno de los que murieron en el patio.
É luego preguntó que á quién le venia el cacicazgo, é dijeron que á un su hermano; al cual luego le señaló por gobernador, hasta que otra cosa fuese mandada.
Y demás desto, desque vió la ciudad poblada y estaban seguros en sus mercados, mandó que se juntasen los papas y capitanes con los demás principales de aquella ciudad, y se les dió á entender muy claramente todas las cosas tocantes á nuestra santa fe, é que dejasen de adorar ídolos, y no sacrificasen ni comiesen carne humana, ni se robasen unos á otros, ni usasen las torpedades que solian usar, y que mirasen que sus ídolos los traen engañados, y que son malos y no dicen verdad, é que tuviesen memoria que cinco dias habia de las mentiras que les prometieron que les darian vitoria cuando sacrificaron las siete personas, é cómo todo cuanto dicen á los papas é á ellos es todo malo, é que les rogaba que luego los derrocasen é hiciesen pedazos, y si ellos no querian, que nosotros los quitariamos, é que hiciesen encalar uno como humilladero, donde pusimos una cruz.
Lo de la cruz luego lo hicieron, y respondieron que quitarian los ídolos; y puesto que se lo mandó muchas veces que los quitasen, lo dilataban.
Y entónces dijo el Padre de la Merced á Cortés que era por demás á los principios quitalles sus ídolos, hasta que vayan entendiendo más las cosas, y ver en qué paraba nuestra entrada en Méjico, y el tiempo nos diria lo que habiamos de hacer, que al presente bastaba las amonestaciones que se les habia hecho, y ponelles la cruz.
Dejaré de hablar desto, y diré cómo aquella ciudad está asentada en un llano y en parte é sitio donde están muchas poblaciones cercanas, que es Tepeaca, Tlascala, Chalco, Tecamachalco, Guaxocingo é otros muchos pueblos, que por ser tantos, aquí no los nombro; y es tierra de maíz é otras legumbres, é de mucho ají, y toda llena de maijales, que es de lo que hacen el vino, é hacen en ella muy buena loza de barro colorado é prieto é blanco, de diversas pinturas, é se bastece della Méjico y todas las provincias comarcanas, digamos ahora como en Castilla lo de Talavera é Palencia.